Un pueblo deseoso de asistir al templo

Un pueblo deseoso de asistir al templo

Por el presidente Howard W. Hunter (1907–1995), Decimocuarto Presidente de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días

Coloquen la lámina de un templo en su hogar a fin de que sus hijos la vean; enséñenles acerca de los propósitos de la Casa del Señor.

El templo es el símbolo supremo de nuestra calidad de miembros de la Iglesia

Templos MormonesCuán maravilloso es disfrutar del privilegio de ir al templo para recibir nuestras propias bendiciones; y luego, una vez que hemos ido al templo para recibir nuestras propias bendiciones, qué gran privilegio es el llevar a cabo la obra por aquellos que han partido antes que nosotros. Este aspecto de la obra en el templo es una obra desinteresada; no obstante, siempre que efectuamos la obra en el templo por otras personas recibimos a cambio una bendición. De modo que no debe sorprendernos el hecho de que el Señor desee que Su pueblo sienta el deseo de asistir al templo.

Es el Señor mismo quien, en las revelaciones que nos ha dado, ha hecho del templo el símbolo supremo para los miembros de la Iglesia. Piensen en la actitud y el comportamiento correctos que el Señor nos indicó en el consejo que dio a los santos de Kirtland por medio del profeta José Smith cuando éstos se preparaban para edificar el templo. Ese consejo continúa en vigencia:

“Organizaos; preparad todo lo que fuere necesario; y estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios” (Doctrina y Convenios 88:119). ¿Deseamos tener la actitud y el comportamiento necesarios para obtener estas cosas en nuestra vida?

Todos nuestros esfuerzos en la Iglesia conducen al santo templo

Todos nuestros esfuerzos por proclamar el Evangelio, por perfeccionar a los santos y por redimir a los muertos conducen al santo templo. La razón se debe a que las ordenanzas que allí se efectúan son absolutamente imprescindibles, ya que sin ellas no podemos volver a la presencia de Dios.

En verdad, el Señor desea que Su pueblo sea gente deseosa de asistir al templo. El deseo más grande de mi corazón es que todos los miembros de la Iglesia sean dignos de entrar en el templo. Desearía que todo miembro adulto fuera digno de obtener una recomendación para entrar en el templo y que la tuviera, aun cuando viva lejos de él y no pueda asistir inmediatamente ni muy seguido.

El templo es santo para el Señor; debe ser santo para nosotros

Seamos una gente que ame el templo y que esté deseosa de asistir a él. No nos demoremos en ir al templo con la frecuencia que el tiempo, los recursos y las circunstancias personales nos lo permitan.Vayamos, no solamente para efectuar la obra en favor de nuestros parientes fallecidos, sino también para recibir las bendiciones personales que se obtienen mediante la adoración en el templo, y para sentir la santidad y la seguridad que reinan dentro de esas sagradas y consagradas paredes. El templo es un lugar de belleza, es un lugar de revelación, es un lugar de paz. Es la Casa del Señor. Es un sitio santo para Él y debería serlo también para nosotros.

Compartamos con nuestros hijos los sentimientos espirituales que tenemos en el templo, y enseñémosles con más diligencia y naturalidad las cosas que apropiadamente se puedan decir en cuanto a los propósitos de la Casa del Señor. Coloquen en sus hogares una foto o lámina de un templo en un lugar en donde sus hijos puedan verla. Enséñenles en cuanto a los propósitos de la Casa del Señor. Ayúdenlos a prepararse, desde temprana edad, para el día en que vayan al templo, y a conservarse dignos de esa bendición.

Le complace al Señor cuando vamos dignamente al templo

Al Señor le agrada que nuestra juventud sea digna de ir al templo y efectúe bautismos por quienes no tuvieron la oportunidad de bautizarse en esta vida. Le agrada al Señor cuando vamos dignamente al templo con el fin de hacer convenios con Él en forma personal y para sellarnos como matrimonios y familias. Y también le agrada al Señor que vayamos al templo a efectuar esas mismas ordenanzas salvadoras en beneficio de quienes han fallecido, muchos de los cuales esperan ansiosos que esas ordenanzas se lleven a cabo por ellos.

Para que el templo sea en verdad un símbolo para nosotros, debemos desear que así sea. Debemos vivir en forma digna de entrar en el templo y guardar los mandamientos del Señor. Si en nuestra vida tomamos como modelo al Maestro y, si tomamos Sus enseñanzas y Su ejemplo como el modelo supremo, no nos será difícil ser dignos de entrar en el templo y ser constantes y leales en cada paso que demos en la vida, ya que estaremos consagrados a una sola y sagrada norma de conducta y creencia. Ya sea en nuestra casa o en la tienda, ya sea mientras estemos en la escuela o mucho después de terminar nuestros estudios, ya sea que actuemos completamente solos o con otras personas, nuestro curso será claro y nuestras normas evidentes.

La habilidad de defender nuestros principios, de vivir con integridad y fe de acuerdo con nuestras creencias, es lo que importa. Esa devoción a principios verdaderos, ya sea en nuestras vidas personales, en nuestros hogares y familias, y en todos los lugares en los cuales tengamos contacto con otras personas e influyamos en ellas, es esa devoción lo que Dios exige finalmente de nosotros. Eso requiere que nos comprometamos, con toda el alma y por toda la eternidad, a cumplir con los principios que sabemos que son verdaderos en los mandamientos que Dios ha dado. Si somos firmes y fieles a los principios del Señor, entonces seremos siempre dignos de entrar en el templo, y el Señor y Sus santos templos serán los símbolos supremos de nuestro discipulado para con Él.

Adaptado de Tambuli, noviembre de 1994, págs. 2–7; Liahona, mayo de 1995, págs. 2–7.

El Señor dijo a los santos de Kirtland, mientras se preparaban para construir un templo: “…estableced una casa, sí, una casa de oración, una casa de ayuno, una casa de fe, una casa de instrucción, una casa de gloria, una casa de orden, una casa de Dios”.

Seamos una gente que ame el templo y que esté deseosa de asistir a él. Apresurémonos a ir al templo con la frecuencia que el tiempo, los recursos y las circunstancias personales nos lo permitan.

Templo de Kirtland. Dedicado el 27 de marzo de 1836.

Templo de Logan, Utah. Dedicado el 17 de mayo de 1884. Rededicado el 13 de marzo de 1979.

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