Satán, el diablo
Satanás, Lucifer o Diablo
La doctrina mormona acepta la realidad del diablo. Para entender el origen del diablo, se debe entender lo que sucedió en la vida premortal. Él estuvo allí y tuvo gran influencia sobre los que lo rodeaban. Pero cayó. Dios había preparado un plan que traería a la tierra al género humano para recibir un cuerpo y ser probados. Un principio importante en el plan de Dios era el albedrío, o libertad de escoger, del hombre. Satanás propuso un plan que redimiría a todo el género humano, pero le quitaría el albedrío. En otras palabras, todos serían obligados a guardar los mandamientos. Por hacerlo él quería el poder, la gloria y honra de Dios. Jesucristo, por otra parte, aceptó el plan de Dios y ofreció someterse a Su voluntad (véase Moisés 4:1-4; Isaías 14:12-20).
Dios permitió que ejerciéramos nuestro albedrío en ese momento. En el libro de Apocalipsis se describe lo que sucedió a continuación: “Después hubo una gran batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchaban contra el dragón; y luchaban el dragón y sus ángeles; pero no prevalecieron, ni se halló ya lugar para ellos en el cielo. Y fue lanzado fuera el gran dragón, la serpiente antigua, que se llama diablo y Satanás, el cual engaña al mundo entero; fue arrojado a la tierra, y sus ángeles fueron arrojados con él” (Apocalipsis 12:7-9). Como consecuencia a su rebelión, Satanás y sus seguidores fueron echados del cielo y arrojados a la tierra. Su propósito ahora es frustrar el plan de Dios y conducir a Sus hijos al pecado y a su muerte espiritual (véase Apocalipsis 12:9; 2 Nefi 2:27; 9:8-9).
Satanás es enemigo de la voluntad de Dios y de todo lo que es bueno y justo. Él es el padre de las mentiras e inspira a todo lo que es malvado. Pero su oposición a Dios permite que el género humano tenga que tomar una decisión entre el bien y el mal. Los líderes de la Iglesia Mormona advierten que Satanás es un ser real que miente y pone trampas que se deben evitar por medio de la rectitud.

