Gracia vs. Obras
En la doctrina de la Iglesia Mormona, la gracia se define como: “ayuda o fortaleza divina [que] proviene de la misericordia y el amor de Dios.” (Guía para el Estudio de las Escrituras).
Robert E. Parsons, un profesor de religión en la Universidad de Brigham Young, dijo:
¿Somos salvos por la gracia de Cristo al simplemente confesar que Él es nuestro Salvador? O, ¿somos salvos por gracia después de hacer todo lo que podemos, confesando Su nombre y guardando todos Sus mandamientos? La lógica y las escrituras, ambas proclaman rotundamente la segunda. (Robert E. Parsons, “Tengo Una Pregunta,” Ensign, julio 1989, 59).
El mormonismo enseña a sus miembros a creer que el don de Dios de dar a Su Hijo Unigénito como rescate, es la manera en la que somos salvos por gracia. Si Dios no hubiera intervenido, todos estaríamos perdidos y podría no haber arrepentimiento. Sin embargo, esto no significa que lo único que se requiere de nosotros es creer en Cristo. La gracia no es suficiente sin un esfuerzo total de parte del que la recibe. De allí la explicación “sabemos que es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos”. (2 Nefi 25:23).
Se debe entender que los mormones no creen que una persona pueda labrarse su camino hacia el cielo o ganárselo por sus propios méritos. Esto es imposible por que sólo Cristo es perfecto y todos pecamos. En vez de eso, los mormones creen que Cristo nos ha enseñando la manera de ganar la exaltación y este camino requiere ciertos compromisos, como el desarrollar fe en Sus palabras, el bautismo, la oración, el arrepentimiento y la obediencia continua a Sus mandamientos.
El élder Gerald N. Lund dijo:
Somos salvos por la gracia; salvos por el amor de Cristo de la muerte física y espiritual. Salvos por el amor de Cristo de la caída de Adán y de nuestra propia caída. Salvos del pecado y de la trasgresión por la gracia o los dones de Dios. El poder expiatorio de Dios para la salvación es un don libremente disponible de parte de Él, pero nuestras obras de rectitud son esenciales para traer este poder a nuestras vidas. El pecado nos aleja de Dios. Entre más pecamos, más lejos estaremos de Él y se vuelve más difícil tener acceso al poder de Dios, y sólo el poder de Dios es suficiente para salvarnos de nuestros pecados (“La Salvación: por Gracia o por Obras” Ensign, abril 1981, 17).

