Espíritu Santo
El mormonismo enseña que el Espíritu Santo es el tercer miembro de la Deidad, o la Trinidad. El Espíritu Santo es un espíritu y no tiene un cuerpo de carne y huesos como el Padre Celestial y Jesucristo. Aunque el Espíritu Santo sólo puede estar en un lugar a la vez, su influencia se puede sentir en cualquier lugar. El propósito del Espíritu Santo es testificar de Jesucristo y de todas las cosas que son verdaderas. El Espíritu Santo también tiene el papel de purificar nuestros corazones y mentes, ayudándonos a llegar a ser dignos de regresar a la presencia de Dios.
En la teología mormona hay una distinción entre el don del Espíritu Santo y la influencia general del Espíritu Santo. Recibir el Espíritu Santo se refiere a una ordenanza sagrada, o ritual, que se lleva a cabo después de que una persona ha sido bautizada y confirmada miembro de la Iglesia de Jesucristo. Este don es el privilegio de tener la compañía constante del Espíritu Santo para guiar, inspirar y enseñar a cada individuo. Por otro lado, la influencia del Espíritu Santo, se puede sentir ocasionalmente sin haber recibido el don del Espíritu Santo. Por ejemplo, el Libro de Mormón nos promete que el Espíritu Santo nos manifestará la verdad a cualquiera que la pida en oración sincera. Esta influencia es temporal y se aparta pronto. Aunque el Espíritu Santo puede, en ciertos momentos, inspirar o tener influencia en cualquiera, solamente el don del Espíritu Santo hace posible que las personas gocen de su influencia en cualquier momento de sus vidas.
Como se mencionó anteriormente, el Ddon del Espíritu Santo viene después de que una persona se bautice en la Iglesia de Cristo, que es La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (Iglesia Mormona). Cuando una persona se une a la Iglesia Mormona, es bautizada en obediencia al mandamiento que dio Jesucristo. Después del bautismo, una persona recibe el Don del Espíritu Santo a través de una bendición por la imposición de manos de aquellos que tienen la autoridad para dar este don. Si una persona lleva una vida digna, el Espíritu Santo será una bendición en su vida. Los miembros de la Iglesia entienden que el Espíritu Santo no acompañará a personas indignas.
El recibir el Espíritu Santo es parte esencial de nuestra experiencia sobre la tierra. En Juan 3:5, Jesucristo explicó: “el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Claramente este bautismo de agua y del Espíritu es necesario para regresar a la presencia de Dios. El bautismo de una persona sincera y la recepción del don del Espíritu Santo son parte del plan de Dios para nuestra santificación. Por medio de estos pasos y de la compañía constante del Espíritu Santo, una persona puede limpiarse diariamente del pecado y recordarse de las cosas que son correctas. La santificación está condicionada a un esfuerzo sincero de obedecer los mandamientos de Dios y un deseo de ser semejantes a Cristo. La compañía constante del Espíritu Santo puede guiar a las persona en el camino de la santificación.
Los mormones también enseñan que las verdades espirituales sólo se pueden entender genuinamente cuando el Espíritu Santo las enseña. Por esta razón, los miembros de la Iglesia saben que se deben esforzar por comportarse de tal manera que el Espíritu Santo siempre los acompañe. Al hacerlo, estarán mejor preparados para aprender del Espíritu y enseñar a otros por medio del Espíritu.
Aparte de ser un maestro, el Espíritu Santo tiene la responsabilidad de traer consuelo y paz. El Espíritu Santo tiene el poder de alivianar nuestras cargas, de inspirar valor y dar consuelo, de fortalecer la fe personal y la esperanza, y de revelar lo que sea que necesiten aquellos que son bendecidos con su compañía.
El Espíritu Santo es una fuente de poder edificante para los miembros fieles de la Iglesia Mormona. Ya que este don es importante, Jesucristo enseñó que no hay mayor pecado que el pecar contra el Espíritu Santo (Mateo 12:31-32). Los mormones respetan y honran este don, y tratan de ser dignos de la compañía del Espíritu Santo siempre.

