Castidad
Castidad
La ley de castidad no es un mandamiento nuevo, ni un mandamiento único para los miembros de la Iglesia Mormona. Como Dios es el mismo ayer, hoy y para siempre, nunca habrá una “nueva moralidad.” Esto significa que la ley de castidad no cambiará con el tiempo.
Dios nos advirtió en 2 Pedro 2:1: “habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras…atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.” ¡Hay maestros falsos por todos lados en nuestra época! Están en las librerías, en los supermercados, en la televisión, en las películas y en el Internet. Ellos quieren que creamos que los mandamientos de Dios son muy “anticuados” y que Él dio esos mandamientos a los hijos de Israel y que ya no aplican. Sin importar lo que se diga al respecto, la ley de castidad es un mandamiento y aplica tanto hoy, como para los hijos de Israel.
Satanás es astuto y tiene muchos seguidores que quieren engañarnos. Él susurra en nuestros oídos que los pensamientos y sentimientos no castos son normales; que son naturales y que se deberían de expresar por amor. Satanás quiere que aceptemos que la pureza pasó de moda y que los hombres y mujeres educados deberían deshacerse de ideas que limitarían su libertad en cuanto a la naturaleza sagrada de las relaciones sexuales. Después de todo, sus seguidores nos dirán que vivimos en una época de conocimiento; que necesitamos cambiar con los tiempos y que “todos lo están haciendo.”
En 1938, el presidente J. Reuben Clark, hijo, uno de los líderes de la Iglesia Mormona, dijo lo siguiente: “Nuestra civilización está basada en la castidad, la santidad del matrimonio, y la santidad del hogar. Si se destruyen éstos, el hombre cristiano se convierte en un [monstruo]…la castidad es fundamental en nuestra vida y nuestra civilización. Si un pueblo deja a un lado la castidad, perecerá. Cualquiera de nosotros que instruye a la juventud, en cualquier lugar o posición…debe enseñar a la juventud…de abstenerse de la inmoralidad.” ¡Qué conmovedora es esta declaración hoy así como lo fue en aquel entonces! El diccionario define la castidad de la siguiente manera: virtud, abstinencia sexual, y decencia o modestia.
El presidente Spencer W. Kimball, un profeta mormón, dijo lo siguiente: “Entre los pecados sexuales más comunes que cometen nuestros jóvenes están comprendidos el besuqueo y las caricias indecorosas. Estas relaciones impropias no sólo conducen frecuentemente a la fornicación, al embarazo y al aborto—todos ellos pecados repugnantes—sino que son maldades perniciosas en sí y de sí mismas, y con frecuencia le es difícil a la juventud distinguir donde una acaba y la otra empieza. Despiertan la lujuria e incitan malos pensamientos y deseos sexuales. No son sino partes de la familia completa de pecados e indiscreciones análogas.” (Spencer W. Kimball, El Milagro del Perdón, págs. 63-64).
Se dio la Ley de Castidad a los hombres y mujeres para ayudarles a lograr la pureza que Pablo tenía en mente cuando dijo: “Todas las cosas son puras para los puros.” (Tito 1:15). “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” (Mateo 5:8)
La castidad se debe cumplir en pensamiento y obra, y no se logra en un día, ni es un “destino final”, para olvidar cuando se obtenga. No es así, necesita un esfuerzo constate diario. Como es una cualidad espiritual y física, todos deben esforzarse por mantener sus pensamientos limpios y puros. Se han dado muchos consejos a los miembros de la Iglesia Mormona con respecto a esta ley. Vistan con modestia, no se involucren en comportamientos provocativos, ya sea en la manera de sentarse, hablar o bailar; no se asocien con aquellos que les animarían a violar sus normas; eviten situaciones que puedan tentarles a ceder a sus pasiones; ni en pensamiento, miradas o conversaciones íntimas violen el matrimonio de otros; eviten películas, televisión, Internet, o literatura que anima a pervertir el poder de la procreación.

