Bautismo en el mormonismo
Los mormones creen que el bautismo es la primera ordenanza salvadora del evangelio. Por medio del bautismo y la confirmación por la autoridad del sacerdocio, una persona puede llegar a ser miembro de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.
En la Iglesia Mormona, se cree que el bautismo tiene cuatro propósitos. El primero es la remisión de pecados. Segundo, permite que una persona arrepentida sea miembro de la Iglesia y el Reino de Dios sobre la tierra. Tercero, es la puerta al reino celestial, esto es, coloca a una persona en el camino estrecho y angosto que conduce a la vida eterna. Cuarto, es el medio por el cual se abre la puerta hacia la santificación personal.
Jesucristo dio a todos el ejemplo a seguir al ser bautizado. Él no necesitaba el bautismo porque era perfecto, pero lo hizo para dar el ejemplo. Todos los que deseen la vida eterna necesitan seguir ese ejemplo y buscar el camino de la rectitud.
La fe mormona profesa que cuando alguien se bautiza, entra en un convenio con Dios (convenio significa un acuerdo de dos partes, en este caso es un acuerdo entre Dios y la persona que recibe el bautismo). La persona que recibe el bautismo promete tres cosas: tomar sobre sí el nombre de Jesucristo, guardar Sus mandamientos y servirle hasta el fin.
Tomar sobre sí el nombre de Jesucristo significa ponerlo a Él primero y poner a Su obra primero en nuestras vidas. Significa buscar sólo lo que el Señor quiere que hagamos, no lo que el mundo quiere que hagamos.
Guardar los mandamientos es un requisito diario y una tarea diaria. Nuestros esfuerzos de ser testigos de Dios incluyen todo lo que hacemos y decimos. Nuestros pensamientos, nuestro lenguaje, y nuestras acciones son puras. No hacemos, miramos o decimos nada que sea contrario a las enseñanzas del Salvador.
Servir al Señor diariamente significa separarse de las cosas del mundo. Servir al Señor significa servir a nuestros semejantes. En otras palabras, ser bondadoso y respetuoso con todos y seguir el ejemplo de Cristo en la manera que tratamos a los demás.
El bautismo no es una promesa única con Dios. Cada semana en la reunión sacramental de la Iglesia Mormona, se renuevan los convenios bautismales. El pan y el agua de la Santa Cena se reparten con la esperanza de que cada uno de nosotros tomará el tiempo para renovar y meditar en los convenios que se hicieron en el bautismo y para recordar lo que Jesucristo hizo por cada uno de nosotros.
De su parte, Jesucristo hace un convenio con nosotros si nosotros guardamos nuestros convenios con Él. El Señor nos bendice por nuestra lealtad y recibimos la compañía constante del Espíritu Santo, la remisión de pecados, y el privilegio de nacer espiritualmente.
La compañía constante del Espíritu Santo se refiere a la confirmación después del bautismo. Es el don del Espíritu Santo y se le confiere a un miembro bautizado por uno que tiene autoridad, conocida como el Sacerdocio de Melquisedec. Las manos se ponen sobre la cabeza y se confiere el don del Espíritu Santo. Este don da a la persona el derecho de tener la compañía constante del Espíritu Santo mientras se mantenga digna. Es una de las bendiciones más grandes que puede recibir una persona en esta vida. El Espíritu guía y dirige sólo en caminos de rectitud y paz.
El nacer de nuevo espiritualmente indica nacer a una nueva vida. El Apóstol Pablo, en Romanos 6:4 enseñó que cuando hemos sido bautizados, debemos andar “en vida nueva”.
La remisión de nuestros pecados es el ejercitar nuestra fe en Jesucristo, el arrepentirnos, y el esforzarnos a vivir los mandamientos de Dios.

